Archivo mensual: julio 2017

La Destreza en el retrato

Un buen retrato no es aquel que tiene los ojos en su lugar, o la boca bien delineada, o el pelo con más brillos; un buen retrato es aquel que te hace olvidar que estas ante una tela, y por un momento te sientes observado por la figura representada. ¿Cómo es posible que una mirada pareciera “salirse” de su soporte para comunicarte una expresión de amor, odio, pena, en fin, sentimientos reservados sólo para seres de carne y hueso?

En ello tiene mucho que ver la destreza, aquella cualidad tan escasa que te hace lograr con un par de pinceladas bien puestas, lo que algunos artistas no logran con 30. Es muy frecuente que el pintor realista trate de representar cada detalle con una minuciosidad desesperante, que dicho sea de paso, logra sacar aplausos del público general por la gran habilidad demostrada. En el caso de los grandes maestros de la historia, vemos cómo lograban lentamente una excelente evolución que iba en sentido inverso; con los años, los detalles comienzan a desaparecer, dando paso a pinceladas mejor dirigidas, con más pintura y menos detalle; con más intención y menos temores, con más sentimiento y menos explicaciones. Es muy difícil lograr esto en nuestros días, por cuanto son pocos quienes estarán dispuestos a recorrer este lento proceso de maduración, que no se puede apurar, ya que el cerebro necesita una edad determinada para asimilar esta maravilla y poder reproducirla; lo vemos en Velásquez, quizá uno de los más grandes pintores que ha existido; a lo largo de su obra no es fácil notar diferencias entre cuadro y cuadro, pero si observamos los rostros de sus primeras obras, y los comparamos con los de sus últimas creaciones, la diferencia es enorme y clarificadora de lo que sostengo. Los detalles cada vez se esfuman hasta casi desaparecer; las líneas dan paso ahora a la mancha colorida, y los ropajes parecen una rápida anécdota que adorna al rostro. Esto es algo que debieran tomar en cuenta nuestros jóvenes talentos, para que no traten de acortar camino buscando el aplauso; para que sean pacientes y estudiosos de los antiguos maestros, por que su atención es digna de elogio. De esta forma, quizá logremos que nuestra obra sea merecedora de toda alabanza por su excelente soltura y expresividad. No en vano dijo Monet que Velásquez era “el más grande pintor que ha existido”, y que sólo por Velásquez, ya valía la pena visitar España.

 

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